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jueves, 7 de noviembre de 2013

Corrupción y guerra de trincheras mediática

Los españoles nos enfrentamos a la corrupción política con una actitud ciertamente contradictoria: por un lado, creemos que existe un nivel intolerable de corrupción y mostramos altas dosis de desafección hacia nuestros políticos. Pero, por otro lado, seguimos votando elección tras elección a los mismos partidos políticos incluso cuando éstos están siendo acusados de algún escándalo de corrupción. ¿Por qué ocurre esto? Déjenme que plantee en estas líneas una hipótesis para el debate.
Pocas cosas son tan claramente perceptibles en el actual clima de opinión como el hartazgo ciudadano con la clase política y con el cúmulo de escándalos de corrupción que sufrimos últimamente. La pérdida de confianza de la ciudadanía hacia los políticos no ha cesado de aumentar en los últimos tiempos alcalzando niveles hasta ahora desconocidos. En Piedras de Papel ya hemos analizado este fenómeno en varios artículos (vean aquí y aquí), pero quizás valga la pena recordar algunos datos: según el CIS, el 85% de los españoles considera que la corrupción está bastante o muy extendida en nuestro país y uno de cada tres señala a los políticos cómo el principal problema que sufrimos actualmente. Seguramente estas percepciones tan negativas se han acentuado en las últimas semanas tras los recientes escándalos como el del chalé marbellí del Presidente González, los artículos de Carlos “Amy” Mulas, los ‘sobre’-sueldos  de Génova o la conexión entre la mafia rusa y el Lloret de Mar de Xavier Crespo.
Cualquier sociólogo extranjero que viera tal acumulación de escándalos y tal grado de hartazgo entre la opinión pública podría augurar un terremoto electoral contra los gobernantes corruptos en las elecciones. Nada más lejos de la realidad. Los estudios en España muestran de forma contundente que no existe un claro castigo electoral a los escándalos de corrupción. Así de pesimistas concluían, por ejemplo, los politólogos Gonzalo Rivero y Pablo Fernández en un estudio sobre la cuestión: “los partidos de los alcaldes implicados en conductas irregulares pueden contar con que no sufrirán castigos electorales en las urnas, incluso en el caso de que se inicien diligencias judiciales”. En definitiva, la corrupción, en España, sale políticamente gratis.
¿Cómo es posible que tal desafección hacia la política coexista con una actitud tan poco crítica en las urnas? Muchos expertos intentan buscar la respuesta en cómo están diseñadas nuestras instituciones; quizás les suene últimamente la más que discutible propuesta de cambiar el actual sistema electoral de listas cerradas. Sin embargo, a mi entender en España uno de los elementos clave que explicaría tal paradoja no estaría relacionado con las instituciones públicas en sí mismas sino con el alto grado de politización de nuestros medios de comunicación.
Es conocido que en España (al igual que otros países del sur de Europa) existe una estrecha complicidad entre los medios de comunicación y los intereses partidistas. Esto provoca que los quioscos de nuestro país contengan una oferta mediática con un elevado sectarismo político. Según un estudio de Antón Castromil, los periódicos claramente se alinearon a un partido político a la hora de informar de la campaña electoral de las elecciones autonómicas y municipales de 2011 (véase el gráfico). Por ejemplo, El País prácticamente no recogió informaciones perjudiciales para el PSOE y, en cambio, dedicó casi una quinta parte de sus artículos a publicar informaciones críticas con PP. Lo opuesto ocurría en El Mundo y, muy particularmente en el ABC. En este último periódico, nada menos que una de cada tres noticias publicadas contenía mensajes negativos hacia el PSOE, lo que contrastaba con la práctica inexistencia de noticias críticas con el PP (apenas un 1% y no descarten que fueran obra de un becario despistado).
  1. Datos: CIS (Pre-electoral 2011) y Castromil y Chavero (2012)
Este alto grado de complicidad entre partidos políticos y medios de comunicación tiene importantes consecuencias sobre cómo los españoles acabamos consumiendo los medios de comunicación. Y es que ante tal panorama de sectarismo mediático, es inevitable que nos aproximemos al quiosco con elevadas medidas de seguridad para evitar ser expuestos a mensajes sistemáticamente contradictorios a nuestras preferencias políticas. El resultado es que escogemos los periódicos siguiendo un estricto criterio ideológico. La práctica totalidad de los lectores de El País son de izquierdas y, en cambio, los de El Mundo y el ABC son de derechas (véase el gráfico).
Todo ello provoca que el panorama mediático de nuestro país se asemeje a una “guerra de trincheras”, lo que genera un alto grado de cinismo político hacia los escándalos de corrupción. Cuando un periódico destapa un escándalo de corrupción suele ser recibido por la otra trinchera como una estratégica interesada, que tiene como única intención el descrédito o la difamación del adversario por cuestiones estrictamente políticas. Esto provoca que los ciudadanos (tristemente atrincherados en alguno de los bandos) se tomen con altas dosis de cinismo los escándalos publicados en los periódicos rivales. 
Es cierto que, por regla general, los individuos tienen una tendencia psicológica a no dar crédito a los escándalos que afectan al partido con el que se sienten identificados y a exagerar los que afectan a sus  rivales políticos. Este sesgo psicológico ha sido elegantemente estudiado por algunos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona a través de experimentos (se puede leer el artículo académico aquí).  A pesar de que se trata de una tendencia que ocurre en todas  partes, tengo la convicción de que tal dinámica está altamente acentuada en nuestro país debido a su particular “guerra de trincheras” mediática.
Por el momento, el caso Bárcenas está siendo excepcionalmente denunciado por periódicos de ambas trincheras, por lo que puede facilitar que los ciudadanos otorgen credibilidad al asunto. En este sentido, el caso Bárcenas puede ser partícularmente dañino para el PP. Aún así, seguramente muchos que están leyendo estas líneas siguen preguntándose con cierta desconfianza qué motivación política se esconde tras el afán denunciador del periódico de Pedro Jota.
Creo firmemente que en nuestro país urge un cambio drástico del rol que desempeñan los medios de comunicación. Para combatir la corrupción es esencial tener a ciudadanos informados, que den credibilidad a los escándalos que se publican en los medios (incluso cuando éstos afectan a su partido) y que, en consecuencia, castiguen la corrupción en las urnas. Y mucho me temo que tal escenario no se consigue con reformas del código penal, escenificando pactos entre partidos políticos o con las (ya cansinas) fórmulas perezosas de reformar el sistema electoral. Sólo unos medios independientes pueden evitar que los ciudadanos conciban los escándalos de corrupción como estrategias de politiqueo, con intereses espurios y con el único objetivo de difamar al adversario. Es necesario cortar los estrechos lazos entre élites políticas y medios de comunicación. Otra cuestión es saber cómo hacerlo.


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martes, 16 de abril de 2013

Un vídeo contra la catalanofobia supera ya el millón y medio de visitas


Es curioso ver cómo determinados videos triunfan en la Red. Suelen ser divertidos, esperpénticos e incluso rayan el ‘frikismo’. 

Sin embargo, el impacto de ‘A mí me hablas en español’, grabado y editado por Mel Domínguez, una cordobesa afincada en Barcelona esta teniendo un efecto que supera el millón y medio de visitas.

Simplemente, explicando con humor e incluso autocrítica un fenómeno extendido en la península ibérica: la catalanofobia. Doce minutos que respiran frescura y sencillez pero sin evitar un alegato contundente contra la intolerancia.





Carlos Bascones


Fuente:

viernes, 5 de abril de 2013

Para algo están las hemerotecas de los diarios




Las fotografías de Núñez Feijóo, presidente de Galicia, con el narcotraficante Marcial Dorado, actualmente cumpliendo condena en la cárcel, han causado un gran revuelo en la política gallega y en el Partido Popular, ya que Feijóo es uno de los favoritos para sustituir a Mariano Rajoy cuando este abandone la cúpula del partido. 

Las imágenes del actual líder gallego con el narco fueron tomadas hace casi 20 años, en ellas se puede ver como Feijóo se pasea con Dorado en yate por la ría de Vigo. Los dos hombres tuvieron una estrecha amistad entre 1995 y 1998. Durante esos años, Feijóo acudió varios veranos a la casa que Dorado tenía en Baiona, cerca de Vigo, y también viajó con él a Portugal y Andorra, habitualmente en compañía de otras personas. 

El presidente de la Xunta asegura, según ha reconocido a la publicación El Pais, que su relación con Dorado se limitó al ámbito personal en reuniones en su tiempo de ocio en las que participaban más amigos. Reconoce que estuvo en su barco, em su casa y al menos hizo un viaje con él, aunque niega tajantemente que tuviera cualquier tipo de lazo económico con Dorado ni que estuviera al tanto de sus negocios ni que su relación con él hubiese tenido la menor influencia en sus decisiones como cargo público.

Esta afirmación rotunda por parte de Núñez Feijóo no contrasta con la realidad, ya que por aquella era sabido entre la política gallega y los medios de comunicación que Marcial Dorado había estado implicado en 1983 en una redada contra los tabaqueros gallegos y fue objeto de múltiples investigaciones del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) hasta el punto de que en 1998 la dirección de Aduanas de Madrid había diseñado una operación diseñada para detenerle llamada Cabeza de Vaca, aunque al final fue desactivada.

La Vanguardia en 1995 llevaba investigando e informando desde hacía seis años puntualmente de las actividades de los contrabandistas gallegos de tabaco, entre los que se encontraba Dorado, que se estaban pasando al contrabando de cocaína y hachis. La hemeroteca de este periódico demuestra que en 1990 ya se sabía quién era Marcial Dorado y a qué se dedicaba, por este motivo es difícil creer las palabras de Feijóo de que "no estaba al tanto de sus negocios" si era un hecho vox populi.  


Luis Delgado y Laia Cardona

Fuente:

miércoles, 13 de junio de 2012

Aparentar




¿Qué nos pasa en este país? La comunicación se ha convertido en un arma para confundir más que para ayudar a entender... La comparecencia de Rajoy el pasado domingo, a propósito de las ayudas, rescate o como quiera llamarse, fue un ejercicio de frivolidad, tal y como se destaca en un artículo de El Pais titulado "El precio de no decir rescate". El presidente estaba más preocupado en tratar de convencernos de que lo que había pedido el gobierno era una línea de crédito y no un rescate... sin siquiera hablarnos de las condiciones concretas.

En fin, aunque ha tratado aparentar seguridad y convicción, los mercados,  esta misma  semana, se han encargado de tirar por tierra esta imagen. A pesar de las ayudas, siguen sin creerse esta historia. Algún día alguien con cara y ojos y capacidad de seducción, convencerá a nuestros políticos que, aunque parezca difícil de entender, es más rentable la transparencia. Perdón, ¡soy demasiado ingenuo!

Carlos Bascones 

lunes, 11 de junio de 2012

“Bien en I, mal en D”



Hay dos noticias aparentemente opuestas que se han publicado últimamente y  que deberían hacernos reflexionar.  ABC  informa de que “nuestro país ocupa el puesto número 25 en el ranking de exportaciones de productos de alta tecnologíade la Unión Europea”; con semejante dato, está claro que no vamos a competir en el futuro en el mercado tecnológico. Sin embargo no nos falta talento ni base científica;  consultar por ejemplo el reportaje  reciente de El País sobre la implicación de los científicos españoles en los ensayos con neutrones para adentrarse en la materia sin destruirla.

Es un problema recurrente en nuestro país: tenemos talento, pero nos falta habilidad para explotarlo; haciendo una analogía con el mundo de la empresa, tenemos talento para producir, pero nos falta talento para vender. En el fondo subyace una dificultad colectiva para comunicar bien. El periodista Manuel Campo Vidal ha reflexionado a fondo sobre el tema en una entrevista concedida en la revista EADA View núm. 15; en su opinión  el origen está en las escuelas, en donde las intervenciones orales de los alumnos son bien escasas. La buena noticia es que mejorar las habilidades de comunicación oral es algo que se entrena y proporciona resultados palpables, como saben muy bien todos aquellos que han asistido a cursos de formación de portavoces.


Luis Delgado